Sunday, 10 April 2022

Improbable causa raíz

Romper mis defensas. Es posible que ahí esté la clave. Es posible que todo lo que tenga en la cabeza es porque es la primera vez que alguien ha logrado resquebrajar un poco mi férrea barrera de defensa en mi vida adulta. 

Dicen que del acoso escolar se sale, pero eso es mentira. Es capaz de destrozar vidas de maneras improbables pero terriblemente efectivas. A veces digo que ya  no me hace daño, que ya no me importa, pero no deja de ser, en el mejor de los casos, una verdad a medias. 

Hubo un día que decidí no volver a llorar, porque eso era de débiles, y yo no quería ser débil (malita masculinidad tóxica), y porque mi madre, intentando hacerme bien, me hizo más mal que otra cosa, convirtió la fuerza en debilidad. La psicóloga ayudó, pero quizá no fue suficiente, o quizá llegó tarde, no sé. Ya da igual.

Hubo un día en el que decidí encerrarme para evitar que me hicieran daño. Lo de "asíntota" me dolió, y desde entonces me negué a mostrarme. Y desde entonces prefiero lamerme las heridas de mi soledad que soportar fracasos. Y aunque durante la pandemia haya pensado alguna vez en ir a un psicólogo, en el fondo soy demasiado cobarde hasta para eso.

Y por eso he perdido los años en los que se experimenta y se madura emocionalmente, dentro de un bar y dentro de mí mismo. Y así, tras tantos años, el miedo al fracaso es una barrera de inseguridad en el trabajo y ante las mujeres, a las que realmente no se tratar emocionalmente hablando.

Cuán cobarde soy y cuánto me odio a mí mismo para tener más miedo a fracasar que a la soledad que lleva ya años y años rondando mi vida y de la que empecé a darme cuenta cuando se jubilaron, y estalló de mala manera hace ya tres años, a la muerte de N.

Y a que viene esto... A ella le he contado cosas que pocos o nadie sabe. No muchas, nada de lo más interior de mí, porque hay cosas que no me atrevería a contar ni a las personas que más quiero. Pero ha debilitado mi escudo lo suficiente como para que haya conseguido rascar un poco la superficie de mí.

Todos estamos más solos de lo que parece, y con ella he descubierto que nosotros dos no somos más que dos personas solas que un día comenzaron a hablar gracias a una canción de Saratoga. Y que me siento muy a gusto hablando con ella, y que es obvio que ella también está muy a gusto hablando conmigo.

Y sí, podría arriesgarme, pero no lo voy a hacer. Porque otra de las cosas a las que me he obligado a mí mismo es a hacer las cosas bien, y siempre hacer lo que se debe y estar donde me corresponde estar. Y eso hice con ella, escucharla cuando lo necesitó, y aceptarla como compi de concierto y otros planes de cerveza y lágrimas. 

Todo esto lo hice como amigo, sin pretender ni buscar nada más. Porque yo no soy ningún carroñero, eso está claro. Y no sé, estoy viviendo unos tiempos de incertidumbre y alegría moderada, gracias a ella y a las charlas, risas, lágrimas y notas de voz compartida. Y están mereciendo mucho la pena. Y joderlo por la opción de..., No, No, No. Perdería más de lo que podría ganar. Y no me lo perdonaría.

Y sí, he pensado en contarle todo esto. Pero sigo siendo un cobarde y lo dejaré escrito, a la vista de todos, pero sin que nadie lo lea jamás. Estará más seguro que en su cabeza.


Y sí, y solo y sí, llevara la iniciativa ella... Sí. Si no me acobardo, claro. 
Porque soy un cobarde de mierda hasta para esto.